16.4.15

Marioneta.

Cada parte de ella le pertenece y aún respira. Aún puede andar en pie por su cuenta. Fascinada por la vida que se le decolora se le vuelve mudo el amor y se le reduce el mundo a una cobija con su olor.

Cualquiera hubiera jurado que aquello que veían en aquel sillón no era una mujer, era una muñeca de porcelana que no pertenecía a ninguna colección. Incluso sus pies no se despegaban del tocador donde sonreía y aguardaba con incomprensible calma. En su mirada se le había incrustado el cielo y se convirtió en objeto pero ella aún respiraba.