25.1.15

Estragos.



Delirio.

En la avenida
por donde cruza el delirio
por la tarde noche
para ir a trabajar,

encontré una hoja negra
que parecía flotar
y me agaché para llevarla
pero comenzó a volar

No había prisa por ir
a cualquier otro lugar
porque yo quería esa hoja
negra, que parecía flotar.

La seguí sin quitarle
los ojos de encima.
Era hermosa,
era única,

como tú, esa hoja
era especial.
Quería tenerle
y quería quererle,

pero la hoja negra
que parecía flotar
por la avenida
donde por la tarde

ya casi noche
cruza el delirio
para ir a trabajar,
se detuvo,

quería hablarme,

y yo le escuché,

tuve que volar. 







  
¿Qué hace ahí ese gato?
Retorcido, peludo y feliz,
¡quien fuera ese gato!
Con sus cielos color ojo
recostado en sillón ajeno
retorciéndose peludo y feliz.

¡Está salvado! 

Y ni siquiera puedo pedirle
que se vaya de mi casa,
se le ve tan tierno e inofensivo
demasiado peludo y feliz.


Si ese gato pudiera salir,
tomar el transporte 
y encontrarte por ahí,
seguro también se 
enamoraría de tí
y ya seríamos dos 
seres peludos que se retuercen
en mi sillón, por ti.

¡Seguro le querrías al gato!

Y yo tendría que retorcerme
aquí con el gato,
¡demasiado peludo e infeliz!
Pero definitivamente más 
peludo que infeliz,
y menos peludo que ese gato feliz.