28.11.14

Umbrales para el dolor.





Contaban:
¡Siete! ¡Ocho! ¡Nueve! ¡Diez!

Cantaban con dolor:

¡Uno! ¡Dos! ¡Tres! ¡Cuatro!

Tan sólo eran números pequeños:

¡Cinco! ¡Seis!

Entonces.



Entonces nada pasaba.

¡Uno! ¡Dos! ¡Tres!

Pero siguieron cantando:

¡Veintiuno! ¡Veintidós! ¡Veintitrés!

Y el dolor se acumulaba:

¡Treinta y uno! ¡Treinta y dos! ¡Treinta y tres!


Y aquéllos números:

¡Cuarenta! ¡Cuarenta y uno! 

Sobrepasaban el umbral para el dolor:
¡Cuarenta y dos!


 Y se acercaban al umbral de la justicia.
¡Ya son cuarenta y tres!
 


Contaban: 
¡VEINTISIETE!


A decir verdad
fue un grito fuerte.

Me sentí asustada.

Y entre tantos números

sentí convertirme en uno,

sentí correr la cuenta atrás de mí.


Temí ser yo la que siguiera

En aquélla numeración humana:





¡Uno!

¡Dos!

Espera.

¡Cinco!
¡Siete fosas!

¡Nueve!

¡Diez!

¡Once personas!

Sigue.

¡Diecinueve!

¡Veinte días!


¡Treinta y tres!

¡Cuarenta y cuatro minutos caminando y más!


¡Cincuenta y cinco!

¡Sesenta y seis horas esperando y más!


¡Setenta y siete!

¡Ochenta y ocho minutos gritando y más!


¡Noventa y nueve!

¡Ciento y... ¡Lo siento mucho!


Pero ya no quiero contar.