La luz que se colaba por los hoyuelos que quedaron entre la madera con que ella selló el enorme ventanal de su cuerpo para que no le trajera la primavera una vez más el amor estacionario, la iluminó tanto que pudo ver de nuevo en el espejo su futura sonrisa. Ya no esperó más por las noches, hizo trozos aquellos tablones y con ellos también sus malos recuerdos.
Era luz y calidez.
Aún siendo invierno dejó de tener el frío de su ausencia.