Me levanto como quitándome todas las ramas que me atan a
esta cama que me llena de sueños lúcidos, tomo un vaso de agua, me lavo los
dientes queriendo quitarme este sabor tan falso que me queda de los sueños,
busco la ropa interior que quiero que me quites, me veo cuánto te extraño en el
cabello, me veo el insomnio en estos ojos que se desvanecen y se cuelan por el
espejo estas ganas de besarte que tienen mis labios tan cuidados. Busco mis
toallas para secarme la tristeza, deshecho toda esta peace por la taza de baño
porque ahí afuera a los humanos les gusta la mierda y la guerra. Abro la llave
de agua caliente que cae en la tina y me dice ¡eres una cobarde! ¿Por qué no
quieres despertar? Abro la llave de agua fría, callo ese ruido protestante que
ahora hace más ruido, se ve tan fría, tan malvada, como queriendo hacerme daño,
como queriendo decirme la verdad.
Este fin de semana que fui a comprar velas y varitas aromáticas, vi un jabón
que olía como a tu extraño nombre, parecía cielo, de ese despejado, como finito,
como alcanzable, lo traje conmigo. Hoy lo uso y que rico me baña tu recuerdo. Se me hace eterna esta ducha y se me adelanta el tiempo con tu recuerdo, ¿con qué derecho vienes a
mover las manecillas de mi reloj y quién te dio llaves para entrar en mis
pensamientos? Ya que estás aquí, deberías limpiarme los malos momentos y
pedirle disculpas a mi cabello.
Qué locura, otra vez hablándole a la extraña del espejo,
saludando a las cortinas nubladas y a la sensualidad de la melodía que me
baila. Salgo, me disfrazo la falta que me haces y cubro con cremas perfumadas
estos berrinches absurdos de mi piel que quiere que regreses. Preparo un té
negro y veo cómo hierve, como explota, como
se derrama y como se desborda cual orgasmo, reventando, desprendiendo aromas
que saben a negro, a vacío.
Veo esa nota que se encuentra como de costumbre cerca de mi
taza favorita, creo que la ponen para mí “no olvides llevar a la escuela lo que
preparé para ti” pero yo no tengo hambre, a estas horas sólo pienso en vomitar
sentimientos de los que estoy llena.
Llevo mi termo lleno de agua para recordar cuánto me puedo
querer a lo largo del día y olvido mis lentes en el sillón porque no hay algo
que me dé razones para usarlos, no buscaré a nadie, los árboles, las flores,
las palabras de los libros y la música no se ven, se sienten cerca, se huelen y
se escriben. Preparo mi bolsa como si no fuera a la escuela porque no quiero
decirme a dónde voy y pongo adentro mis cosas imaginando que es mi vida la que
llevo adentro para que sienta que la puedo ordenar.
Subo las escaleras, a veces no me gusta saborear las palabras, ahí fuera en el
camino que debo recorrer, las personas articulan mucho, sus palabras giran como
payasos alrededor de mi cuello y me asfixian con chistes sin gracia, con
colores que bailan y que no tienen sentido porque no colorean nada; bajo las escaleras que últimamente confundo con el vacío.
Llego a la escuela, comienza el primer y el único acto del día, es un alivio haber aprendido a actuar en mi casa para poder sobrevivir porque ahora puedo hacerlo aquí, donde debo ser feliz porque no quiero mentir ni hablar de ti. No quiero que no sepan nunca que te perdí.
Llego a la escuela, comienza el primer y el único acto del día, es un alivio haber aprendido a actuar en mi casa para poder sobrevivir porque ahora puedo hacerlo aquí, donde debo ser feliz porque no quiero mentir ni hablar de ti. No quiero que no sepan nunca que te perdí.
Llego, entro, tarde para no tener muchos asientos entre los que
deba elegir, no quiero pensar, fijo la mirada en mi pupitre y aunque el salón
está lleno de gente sé que a todo esto le hace falta un poco de vida así que le
sonrío a alguien y dibujo dos que tres árboles, flores y hojas entre mis cuadernos; intento
escuchar lo que dicen los de arriba pero entonces segundo tras segundo aparecen
esos recuerdos inexistentes. A veces estos deja vus tan largos ya no se
disfrutan como antes.
Cuando me regalan tiempo, te invento o leo historias, veo
aves y ardillas, hago a los árboles mis amigos y a las pocas flores mi
compañía, sólo dejo que el aire me toque y termina el día, regreso a casa, las
articulaciones de la mañana siguen sin cobrar sentido pero han atardecido y se
convierten en mareas altas que golpean con fuerza sobre la costa de los vecinos.
Veo esa señal que me dice "has llegado" y me gusta su color, subo las escaleras, abro mi puerta, dejo mi bolsa como queriendo descargar mis sentimientos
en el suelo, quiero a mis gatos, como por que mi mamá me conoce, enciendo ese
pequeño infierno tentador, pongo una lista de reproducción y siento como si fuera a venir ese pequeño
ataque de pánico otra vez. Aguanto la respiración, mis manos consuelan mis
oídos, cierro los ojos como queriendo volverme invisible, agacho la cabeza
porque abajo puedo sentir que mis piernas me protegen, hago silencio para que no venga nadie a preocuparse, no quiero tomar gotas esta vez, sí voy a dormir pero así no deseo ir, ya no quiero
tener otro día más así de somnoliento, como muerta, desgastándome entre gestos
vacíos, intentando explicar cosas que hago por sentimientos que yo no
comprendo, que a veces me encantan y que ustedes hacen que parezcan horrendos.
Me siento como cayendo del cielo en forma de pluma, como comiéndome mi
cuaderno, leo un mensaje tuyo en mi pantalla que se precipita conmigo hacia el vacío, hoy
no me molesta mi oreja porque el dolor se ha ensombrecido con tu pequeño resplandor, cae
sobre mí un vaso de agua y me parece sentir un pedacito de cielo en mis manos que parece felicidad suficiente...
Otra vez me levanto como quitándome un montón de ramas a las
que me abrazo cuando mi cama me lleva a esos sueños lúcidos en el Bosque. Tomo
un vaso de agua que me ayuda a despertar de esta desesperación mía por
encontrarte en algún lugar hermoso, lejos de aquí. Enciendo la luz con la esperanza de seguir dormida
pero todo está ahí, justo como estaba ayer.