25.12.13

SEPTIEMBRE

Si alguna vez pensaste
que mi cuerpo era un trofeo
déjame decirte,
cariño,
que piensas como un niño.

Si alguna vez pensaste 
que mis besos no eran serios
deja de besarme, 
corazón,
pues de ti ya no tengo deseos.

Si alguna vez pensaste
que mi piel era simple lujuria
déjame mostrarte,
amor, 
que también puede ser tu cura.

¿Alguna vez pensaste...
nunca te preguntaste...
si entre el silencio que te viví
había cariño sincero?

¿Por qué, si tus manos tienen
el calor de mis senos
y en tus labios te llevas
muchos de mis secretos,
me niegas este te quiero?













¿Qué pendejada estás haciendo?


Es que acaso ¿no te das cuenta de que el filo de las cosas duelen y a veces cortan y las cortadas sangran y las heridas duelen? No seas enferma, no hagas daño, no seas egoísta, no seas tan masoquista, todos tienen cuerdas que están atadas bien cabrón a sus marfiles y tú no eres ni rey ni reina en este juego, eres o peón o público espectador, no hay nadie que te proteja, estás para defenderte, podrás llegar a ser caballo pero no podrás cabalgarlo ¿comprendes?

Creo que no sabes cuánto valen los euros, creo que no sabes cuánto vale ni un peso, ni un beso, ni una hoja arrancada, ni recitarte un verso, ni el valor de quitarse la blusa.

Creo que me servías de pala para enterrar el cielo en la Tierra pero terminé enterrándome a mí misma.

En pocas palabras ¿QUÉ PENDEJADA ESTÁS HACIENDO?









No hay cosas que justifiquen lo que hago, el simple placer de degustar a la gente con mis actos. Yo no miento, me callo, ¿algo peor que el té amargo? Sí, el silencio de lo que piensas, la duda de mis sentimientos, ¿te gusta cómo te invento? 

¿Por qué me hiciste morder tu manzana, si sabías que la piña era mi fruta favorita? Tengo tantas ansias, tengo tanto miedo, y una vez más me escribo y me leo: 

¿Qué pendejada estás haciendo? Y siento y pienso, rápido y lento, más rápido que lento, intento recuperar estos pensamientos de bala que matan, que se disparan... Y pienso que no estoy mas que escribiendo, eso estoy haciendo y para mí no es una pendejada.

 Denisse, sabes bien de lo que hablo.
 Sí, y tú bien sabes qué es lo que estoy haciendo. No me lo preguntes.


¿Cosa más clara que el agua? Para cosas claras, la duda yo y mi cama, está claro que no sé qué pasa, está claro que me tiembla la mirada, está claro que el agua no está clara. 













Te miro,
       ya no eres ajeno,
       pero tampoco mío.
Te miro,
       y estás tan distante
       y sí, estás lejos.
Te tiemblo
       de ganas
       de tenerte miedo.
Te tengo
       en la mira
       y en el pensamiento.
Te veo
       el cabello
       ¡tan tonto que eres!
Te estucho,
       te leo,
             te imagino.

¡Qué absurdo me pareces!













Hoy te me vas desvaneciendo
como una hoja en el Otoño,
como el calor de una chimenea
cuando ya no hay más leña.

Hoy como ayer ya no te busco ni en mis sueños,
de ser aquélla sombra que acompañara mi camino
eres ahora el árbol que su propio calor quemó.

En el bosque de mis amores,
eres ya un árbol perdido.